dilluns, 28 de maig del 2018

Nos ha mirado un tuerto!


Nos a mirado un tuerto.



No hay otra explicación. Claro que, podría ser peor... podría llover, como decían en “el jovencito Frankestein”... frase, por cierto, muy aplicable al norte.

Y porqué digo esto? Bueno, básicamente, porque cuando se juntan diversos contratiempos y te vas teniendo que adaptar a cada uno de ellos, como en una carrera de obstáculos, y cada vez las vallas son más altas y están más cerca... pues te da por pensar quien tiene un muñequito budú de tu casa y está jugano a probar alfileres en diferentes partes.

Primero. Cocinando una noche mi placa de cocción a gas experimentó lo que yo interpreté como... una deflagración? Una explosión que venía de la parte inferior de la misma? Evidentemente, cerré aquello y llamamos al servicio técnico.... Eso fue... en?? ... en??? marzo? No sé... por ahí... Tardó en venir el técnico una eternidad... luego, pensáis que me escuchó lo que yo le dige? Para qué!!! si total, yo soy “sólo” una mujer que utilizo lo que “él” arregla... Total, se miró aquello, y emitió su opinión: son los sensores de seguridad, que no funcionan... Vamos a ver!!! que si se apagan, igual es que están funcionando perfectamente y lo que ocurre es que ay un escape?? Un mes más esperando a que vuelva para cambiar los sensores... Vuelve, los cambia y a probarlos, mi placa le regala os deflagraciones que le dejaron sin pestañas ni pelos en los antebrazos... Huye de casa, y emite otro veredicto: hay que cambiar uno de los fuegos. Vuelve con el fuego nuevo, y esta vez, ya que nos quejamos por teléfono, decide hacer la prueba esa del jaboncito, para ver si las burbujitas le indican que hay escape y... oh! Sorpresa! Hay escape!!! a ver... A estas alturas, ya sabemos que la placa se compone de tres partes: los fuegos, los sensores de seguridad (que cortan el gas en caso de anomalía) y los tubitos por donde se distribuye el gas a cada fuego... Bien, ya había cambiado dos de tres... vamos a por el pleno... Estamos a mayo.... finales... Sin poder cocinar! Os imagináis lo que supone eso para una familia de 8 personas??? Y encima tuvimos ya a la correspondante de Manchester en casa! Todos los días cocinando con el horno... En fin! Suerte que ahora nos han dejado una resistencia eléctrica y podemos hacer algo más... Pero os aseguro que no vale la pena que intentéis hacer tortilla de calabacín al horno... no funciona....

Segundo: Murió un coche... Nos prestaron otro... Murió el segundo... y parió la burra... 8 personas en un único coche de 5 plazas? Ya os podéis imaginar... Queríamos cambiar el coche pequeño por uno de 7, pero al final ha llegado otro de 5... Y es lo que hay... Así que, echamos una moneda al aire y a ver quien no va al cole mañana... Bueno, es broma, evidentemente, pero que podemos hacer? Lloré como una tonta cuando en el taller me dijeron “es el cambio de marchas y no vale la pena repararlo en estos coches”.... oiga!!! no me diga eso! Que mi corazoncito no lo soportaaaaaaaa!!! Así que, hace 15 días que estamos sin coche, alquilamos uno, para salir del paso, pero estamos otra vez con 5 plazas sólo y me siento como en estos juegos de ingenio donde te dicen que tienes una barca, una cabra, una col y un león y los tienes que cruzar al otro lado sin que la cabra se coma la col o el león a la cabra... en serio... que complicado!

Y encima estoy a dieta, que con la placa de cocción sin disponibilidad y el estrés de no tener coche me comería un buen chocolate para quitarme las penas, y ni eso puedo... Por lo menos me siento más ligera, físicamente, porque mentalmente me aturden tantas restricciones. El sr dukan decía que para finales de junio estaría como una sílfide, y de momento, lo único que ha adelgazado a ritmo exponencial es mi paciencia y mis expectativas... Algo vamos haciendo... mi fitvit dice que peso menos que el 50% de los usuarios de mi perfil... pero claro... me gustaría saber que perfil ha determinado para  mi.... Se acerca el verano, y yo quería ponerme un bikini... a poder ser, de los que no llevan una gran prenda que cubre de la cabeza a los pies.... 

Y ya llegamos al colmo, si os digo que estoy a punto de entrar en época de exámenes y no tengo tiempo para estudiar.... ahí si que voy a tirar la dieta, a dukan y la madre del cordero por la ventana... espera... que ni eso, que a la altura en la que tengo ventanas caigo de pie....

Cosas positivas? Centrémonos en lo positivo... He conocido a una persona súper interesante! Con la que río, con la que me crecen las ideas y las esperanzas en un mañana lleno de posibilidades, que me da coraje y que me permite vivir a través de la ventana que ha abierto! Y es que este blog me ha traído ya a diversas personas que ya forman parte de mi vida, de aquí y de allí: Valencia, Madrid, Tenerife.... y eso me anima tanto! Porque, viendo las estadísticas de fb o el blog, me da por pensar que escribir aquí es como dejar en un baño público un mensaje anónimo... Y a veces hay súper-personas que conectan y te mandan un mensaje y quedas con ellas, las conoces y hablas y se quedan aquí....También han venido visitas y nos hemos ido a la playa, a La panne, que está genial... Bueno, eso pensaron las otras 900mil personas que ese mismo día decidieron ir a la misma playa, que más que parecer el norte de Europa parecía Benidorm....pero lo pasamos genial! comiendo de pícnic, y arena, y pícnic con arena... genial... ya os contaré!

Y nuestra visita a Eurodisney para el día de la madre... También estuvo genial! sobretodo para las que nos pasamos de banco en banco esperando que la tropa se lo pasara en grande haciendo cola para atracciones de 1 minuto si llega... Esto también os lo contaré otro día: Cómo va a Eurodisney una familia de 8+1 (mi madre) en un coche de 8 plazas (cuando lo teníamos y funcionaba el cambio de marchas!) voy a reír para no llorar!

Así que, querido tuerto que me miras mal, vas y la cascas! Porque me dan la mano y me levanto

P.s: vale, que si eso, que no te enfades mucho, que me des tiempo a recuperarme de tanta dificultad, y si a caso, en setiembre, no se... ya vemos si me pones otro reto, ok?

P.s: uy!!! que casi se me olvidaba!!! súper-repeque ha cumplido su primer añito!!!! le temps passe vite!!!


P.s: vale... no me funcionan ni las d ni las m .... para navidades, puestos a cagarla, que me caguen un ordenador... eh? (por si no lo conoces, busca en google "tió de nadal", así , de buen rollo, ya si a caso, te paso la dirección dónde puedes dejarlo... )

dimarts, 6 de març del 2018

A un suspiro....


Ser madre de seis puede parecer una locura. Y lo es. Una dulce locura que pocas familias experimentan. Hoy por hoy no es nada habitual encontrar familias que tengan más de tres hijos. Es raro. Aunque de eso no voy a hablar hoy.

Quiero hablar de la seguridad que ofrece el segundo hijo. El miedo con que se vive la primera maternidad que contrasta con lo fácil que parece el primer embarazo. Vives haciéndote fotos cada mes de como cambia tu cuerpo, esperas ansiosa las visitas con la comadrona y disfrutas haciendo las compras de lo que crees que tu hijo y tu vais a necesitar en la crianza. Esto cambia a medida que llegan las posteriores maternidades: los embarazos se hacen un manojo de nervios y miedos hasta que tienes a tu hijo en brazos (las ecografías se viven con más angustia y ya no eres tan inocente o frívola, al ser más consciente de lo complicado que es realmente que al final tengas un hijo sano en los brazos) y por el contrario, las crianzas se viven más desasosegadas, con más seguridad en ti misma, disfrutas más cada una de las etapas de tu hijo.

Recuerdo que con mi primer hijo, a cada catarro estábamos en la consulta del pediatra. Más o menos cada quince días. Si no era por la visita del niño sano era por esos mocos que salían de su minúscula nariz. Los pediatras se hacen ricos a costa de las madres primerizas.... A medida que fui teniendo hijos, disminuí las visitas absurdas y las reduje a aquellas imprescindibles: vacunas y casos importantes... tan importantes, que seguramente acabábamos yendo directamente a urgencias bypaseando el pediatra y directos al ingreso en planta: citomegalovirus, mastoiditis...

Vas convirtiéndote poco a poco en experta en enfermedades infantiles, en fiebres, en dolores de oído o vómitos, y sabes que vale más gestionarlo en casa que acabar en una consulta de pediatra o urgencias donde pillaremos otro virus chungo. Sabes como mantener la fiebre a raya, como usar los antipiréticos y diferenciar un virus de algo importante. Es así, después de haber pagado la novatada, claro, de haber sido la madre histérica primeriza, el blanco de risas en urgencias y benefactora de farmacéuticas... y debe ser así, porque no se nace enseñado y no tengo carrera de enfermería o medicina. Sólo el carnet de madre, numerosa especial, concretamente.

Y aquí llegamos a la historia que os quería compartir hoy. Y lo quiero hacer porqué el día de mañana quiero leer esta entrada y recordar como me sentí y los detalles de lo vivido. Es una historia que quiero que mis hijos recuerden y quiero que otras familias tengan presente. Porque la diferencia entre reconocer y reaccionar un caso como el siguiente pasa de la vida a la muerte.

Leí hace ya varios años, un post en un blog, que no he conseguido recuperar porque no recuerdo quien lo escribió, pero que quedó grabado en mi mente. Lo leí quizás cuando sólo tenía tres hijos, o cuatro. Era un post de un padre, no recuerdo si matrón o enfermero, que hablaba de la experiencia de tener un hijo al borde de la muerte. Recuerdo que una de sus frases fue, algo parecido a que, gracias al pálpito de su mujer, que sintió que algo no iba bien, su hijo había sobrevivido a una SEPSIS... Hasta ese momento no había leído nada sobre ese tema, así que me impactó mucho leer su experiencia y conocer exactamente que era aquello de sepsis. Sentí mucho miedo que pudiera existir algo así, que pudiera llevarse a tu hijo en pocas horas y además sin aviso alguno. Algo grave de evolución tremendamente rápida, y de síntomas tan poco diferenciables a una gripe o virus. Me quedé aterrada. Y supongo que por eso recordé aquella historia, con la moraleja siguiente: Un menor de 3 meses que presente fiebre no es normal y es causa de ir a urgencias a valorar.

Y lo que decía al inicio, sabe más el diablo por viejo que por diablo. Y tener 6 hijos te da por un lado la seguridad para gestionar tu sola una otitis y a la vez saber llegar rápido a identificar lo que e sale de lo “normal”.

Number six tenía entonces 5 semanas. Llevábamos en casa todos juntos un mes y mi madre hacía dos días literales que había vuelto a su casa, quedando yo sola ya con la rutina de toda la tropa y el bebé. Era miércoles y los niños estaban en casa. Pasamos la tarde viendo la tele, yo haciendo cosas de casa, aprovechando que number six pasó muchísimas horas durmiendo en su hamaquita, rodeado de sus hermanos. Fue una tarde que me permitió avanzar muchísimo, ya que sólo pidió teta cada bastantes horas.

La experiencia te dice que los bebes ya hacen eso a veces. Tienen días que maman como si no hubiera mañana y luego un día o dos sólo duermen. Son pequeñas crisis de lactancia que son seguidos por crecimiento. Duermen, comen poco, y crecen. Así que no me pareció extraño que aquel día number six estuviera menos demandante y más dormilón de lo habitual.

Llegó la noche. Cenamos. Los nenes se acostaron, y mi marido y yo nos quedamos en el salón viendo alguna serie absurda mientras yo estudiaba. Tenía un examen y repasaba la respuesta, aún teniendo toda la semana por delante para poder enviarlo. Y number six seguía durmiendo. A eso de las once de la noche se despertó y pidió lo suyo, y al cogerlo lo noté más caliente de lo habitual por ser junio. No me pareció normal y le puse termómetro. 38 con 3. malo. Le quité ropa y le hice unas friegas con colonia para refrescar la piel y bajar temperatura. Suele funcionar para un sofoco, y así refrescando consigues bajar unas décimas y si es el caso, por exceso de ropa o calor ambiental, enseguida consigues normalizar. Recuerdo que le dije a mi marido que si en una hora no conseguía una temperatura normal, nos íbamos a urgencias... Por febrícula? Me comentó... Y en mi cabeza resonaba: en menores de 3 meses la febrícula no es normal.

Pasó una hora y con miedo puse el termómetro. Al tacto ya no me parecía tan caliente, pero no tenía su temperatura habitual. 37,6... Bueno, ya no eran 38... pero no estaba tranquila. Decidimos ir a dormir, pero con el termómetro y la bolsa preparada por si se repetía la febrícula. Tenía claro que si no volvíamos a una temperatura normal esta vez si nos íbamos.

Media hora más tarde, volví a poner termómetro y la temperatura había vuelto a subir. Esta vez ya estaba muy preocupada y me pasaban mil cosas por la cabeza. Sabía que quería ir a urgencias, pero la temperatura no era exagerada. Decidí comentar el caso con los profesionales de facebook “El médico de mi hijo”. A esas horas era muy difícil que alguien me leyera, pero lo intenté. Puse el mensaje,y al poco una enfermera se puso en contacto conmigo y me dijo lo que ya sabía: en menores de 3 meses la fiebre ha de valorarse por especialista. Así que, me levanté, me vestí, metí un café, agua y algo de comer en la bolsa cambiador. Pañales, una muda pare el peque, y me llevé el coche grande que estaba en la calle.

En 10 minutos estábamos en el mostrador de admisiones de urgencias. No había nadie, por suerte, al ser junio. Estuve más tiempo allí, dando los datos del peque, que en la sala de espera. Fui directa a un box.

Me recibió una médica, supongo que en prácticas, debido a que era bastante joven. Como no había muchos más pacientes, tenía a dos o tres enfermeras pululando por allí. Expliqué el caso, y mientras empezaban a valorarlo, la médica me hizo saber que si en la maternidad no me habían comentado que la febrícula en recién nacidos puede ser habitual... Como no voy con el cartel de madre hiper-numerosa, supongo que sobre mí rezaba más bien el cartelito de “madre histérica en prácticas” que otra cosa. Decidieron poner bolsa para muestra de orina, que obtuvieron enseguida, para tira reactiva de infección.

En cuestión de minutos, escasos, pasamos de “madre histérica” a, con un tono de voz completamente diferente, me sentaron, y me empezaron a decir que, en bebés muy pequeños, la fiebre puede deberse a dos cosas: o infección de orina o meningitis. Esto me lo decían y lo oía a cámara lenta, mientras por detrás de la médica vi entrar a dos de las enfermeras, vestidas con bata y gorro, y con una bandeja en la que se leía “punción lumbar”... así que de repente me puse en piloto automático. Mi mente salió de mi cuerpo, y empezó a ver esa situación como si estuviera en el techo de la habitación. Me explicaron que la tira de orina había salido bien y que, por tanto, había que hacer punción lumbar. Me lo contaban casi dando por supuesto que el resultado sería positivo. Me trataron con mucho cuidado. Me explicaron lo que iba a pasar. Y llegó un pediatra, de planta. Pregunté si podía quedarme con el peque. Era tan pequeño! Y lo sentía tan indefenso en esa camilla! Nacido en casa, sólo había estado en brazos de gente que lo quería y lo trataba como porcelana fina! Y de repente, protocolos de hospital, gente que trata a los bebés como muñecos, con firmeza y decididos a hacer lo que han venido a hacer, sin miramientos, ni concesiones, y cuanto más rápido mejor. Me dijeron que si podía, aunque no era lo habitual en el hospital. Podía quedarme si no era aprensiva, porque siendo un bebé tan pequeño, la manipulación es milimétrica pero podía parecer brusca. Decidí mejor quedarme fuera y me avisaron: le iban a monitorizar y podía ser que le oyera llorar y a la vez oír la máquina de la monitorización pitar. Que hasta cierto punto era normal y que no me asustara. Cerraron la puerta tras de mi.

Y me quedé sola en el pasillo. Con los brazos vacíos.

Y me invadió el pánico

Pensé en como podría volver a casa sin mi bebé. Cómo se lo iba a explicar a mi marido, y a los niños. No podía ser! Cómo se podía complicar todo tanto!?? Por un lado, sabía que era protocolo, pero por otro, las prisas de enfermeras y médicos junto a mi presentimiento de madre, me decía que no íbamos bien. Desde luego, esa noche no iba a volver a casa y aún no sabía si volveríamos los dos o sólo yo.

Terror.

Llamé a mi madre.
Y entre lágrimas le conté lo que pude.

Le dije que tenía miedo de perder a mi hijo. Que la cosa pintaba mal.

Mientras, oía llorar a number six en el box.

No sé cuantos minutos estuvieron con la puerta cerrada. Nadie se acercó a mi. Y necesitaba un abrazo. Me decía, que tonta! No pierdas la cabeza! Porque no te puede pasar a ti! Y por otro lado, mi corazón se encogía y me decía... que ilusa y pretenciosa! Claro que te puede pasar! Y te está pasando!

Por fin se abrió la puerta. Salieron todos y el médico se quedó a hablarme. Me dijo que el líquido había salido turbio y que de manera evidente había infección así que, a la espera de los resultados definitivos, empezábamos con antibiótico cada seis horas y monitorización vital. Me hizo algunas preguntas y yo le dí otros datos que no recuerdo si me pidió o no. Le hice saber que era nacido en casa, en piscina, por si eso podía ser relevante, hacía más de un mes. Que se habían hecho los controles médicos estándar de niño sano durante esas 5 semanas.
Me preguntó como podía ser que el niño estuviera grave, y casi a punto estuve de decirle que a saber yo precisamente eso venía al hospital.
Me preguntó por las vacunas, aún sabiendo que con 5 semanas los bebés no están vacunados aún.

Hubo un momento que sentí como si tuviera que defenderme, más que ser una madre a la que dar respuestas....Suficiente se tiene repasando si pusiste en peligro a tu bebé por alguna cosa, como para estar defendiéndote de ataques implícitos de médicos que no tienen respuestas.

Redirigí la conversación. Leche materna, tenía “permiso” para seguir con la teta, pero que por la punción y por la propia evolución de meningitis, iba a estar muy irritable y cogerlo podía serle doloroso, pero que no había ninguna indicación para no seguir con la lactancia. Sé que de mi boca salió la palabra sepsis, y me dijo que era posible, que no se podía descartar nada. Pero que sin duda mi reacción había sido la acertada, y que gracias a esa rápida ida a urgencias, teníamos ventajas.

Eran las seis de la mañana cuando instalaban a number six en esa cuna de barrotes, con todo de cables en su pequeño cuerpo. Primera dosis de antibiótico. Lo tomó unas horas echado en cama, y yo sentada a su lado, pendiente de todos los bips de las máquinas. Al primer indicio de hambre, lo tomé en brazos. Me instalé en la silla, con un cojín en el regazo, y a él lo acomodé encima, como si fuera la corona de oro más valiosa del mundo entero. Para mí lo era. Estaba anormalmente quejoso, como ya me habían avisado, y lo noté muy desmejorado. También me habían avisado que en pocas horas el empeoramiento iba a ser agudo. Cambiarlo de pecho suponía que llorara de dolor. Y aunque eso me rompía el corazón, no me permití llorar. Era su principal proporcionadora de confort y debía responder estoicamente. Ya lloraría cuando fuera posible.

Llamé a mi marido y avisé de las novedades. Por posible meningitis les pedí que se quedaran todos en casa... no quería imaginar que se confirmara el diagnóstico y tener que poner a 4 grupos de clase en tratamiento. Iba a ser la madre más odiada de respectivas escuelas. Y ya tenía suficiente con mi vela en aquel momento.

Pasaron las horas. Segunda dosis de antibiótico. El peque ya no volvió a esa cuna tan terrorífica. No me moví ni para ir al baño. Por ser menor de seis meses, me informaron que al ser lactante yo tenía derecho a la dieta de ingreso: desayuno, comida y cena. Perfecto. Una cosa menos por la que preocuparse.

Estábamos en habitación de aislamiento, con monitorización vital continuada, vestida con las ropas del día anterior, sin peinar, sin cargador del móvil. Quedamos que la tropa vendría a traerme la muda, el ordenador para poder sacarme de encima el examen y poder centrarme en lo importante , el cargador y las llaves del coche, para poder ellos desplazarse. Suerte que vivimos cerca del hospital.

Llegaron con las cosas. Envié el examen. Me cambié de ropa mientras mi marido supervisaba al peque y el resto estaba en la sala de juegos de la planta. Nos abrazamos y nos pusimos en modo resolutivo. Hay que planificar como vamos a llevar este ingreso, con 4 niños en edad escolar y la peque que todavía se quedaba en casa, y el trabajo de mi marido... si yo estaba en el hospital, la logística se complicaba. Mi madre no podía volver, y llamar a la familia para que viniera a darnos una mano sólo se podía hacer con la confirmación de diagnóstico. Aunque cuando empiezas con antibiótico, los 10 días no te los quita nadie... Uff...

Al caer la noche, number six no tenía fiebre, y parecía mejor, Llevaba su bracito envuelto en esparadrapos para asegurar la vía. En su pié llevaba un sensor, y en el pecho, dos pegatinas con unas pinzas. La combinación permitía monitorizarlo. Parecía que con dos dosis de antibiótico se había parado el empeoramiento y lo había revertido. Tenía que empezar a pensar en como pasar la noche, ya que colechamos. Era complicado con tanto cable, lo mejor hubiera sido pasar la noche sentada en la silla... pero no imaginaba como podía pasar toda la noche así... debía descansar, ya que llevaba dos días sin dormir, y yo debía estar lo más descansada posible para estar atenta a sus cuidados. Decidí montar la cama supletoria. Dormiríamos allí los dos, manteniendo los cables lo mejor posible. Si algo debía suceder esa noche, si number six decidía irse, lo tendría tan cerca que me enteraría. Y si no me enteraba, que mejor manera de pasar ese trance, que con tu hijo pegado a tu cuerpo. Lo mirara como lo mirara, la mejor idea era colechar esa noche.

Las enfermeras entraron y me preguntaron que estaba haciendo. Le conté mis intenciones y me debieron ver decidida y ante la gravedad de la situación no quisieron llevarme la contraria. Y en un santiamén, sacaron esa cama plegatín, se llevaron la cuna, y nos trajeron una cama normal, con barandillas, de esas que permiten subir y bajar y levantar los pies y el respaldo. Con una funda de cojín y una colcha, montaron lo que ellas llamaron un pequeño nido para mi príncipe, de esa manera, se le podía acomodar muy incorporado, él se sentía a gusto, a mi me permitía un poco de comodidad, y él estaba perfectamente instalado para llevar sus cables y demás. Yo me acurruqué a su lado. Y dormimos.

Durante la noche, cada dos horas, las enfermeras entraban en silencio, tomaban temperatura, comprobaban sueros y demás. Respetaban nuestra intimidad. Y nos trataban con mucho cuidado.

A la mañana siguiente, number six había hecho una mejora considerable. Estaba más activo, más vital. Así que entramos en otra etapa. Estaba segurísima que saldríamos de esa, y que poco tenía la pinta de meningitis, cosa que con los días se confirmó. Sepsis por neumococo con buen pronóstico. Diez días de antibiótico en vena, monitorización continuada durante algunos días y controlar la evolución.

De ahí hasta el último día que estuvimos ingresados pasamos de sentir que estábamos frente a un pronóstico grave a empezar a luchar por cosas más banales que la vida: nuestros derechos.

Lo primero que nos encontramos: oposición al colecho. Quisieron imponernos que el peque estuviera en esa cuna especie de jaula para tigres (como alegremente la bauticé), que convenientemente regresaron a la habitación y me informaron de su negativa a visitar al bebé si no era en esa cuna. Tuvimos una discusión a cerca de la seguridad de dormir con el bebé. Según la médica, es muy peligroso compartir la cama con un bebé. Según yo, 14 años de colecho me avalan. Llegamos a tablas sobre ese tema, porque le aseguré que por cada artículo que ella me mostrara sobre la peligrosidad de dicha acción yo le mostraría uno en sentido contrario. Aceptó barco.

Discutimos también por el pecho a demanda. Cada día , dos veces, pasaba una enfermera con una libretita en mano, preguntando cada cuanto había mamado. Mi respuesta inicial, la verdad, que a demanda es a demanda y no sabía. Eso le ponía muy nerviosa, y llegó a decirme que mi actitud no le gustaba para nada. Después de hablar con la médica y recordarle que nuestro motivo de ingreso nada tenía que ver con la lactancia y preguntarle cuantas lactancias exitosas prolongadas tenía en su haber, desistió del tema. Le pedí que informara a las enfermeras de la situación y dejaron de hacerlo. El niño era pesado cada día, y cada día ganó peso, fin de la discusión. Supongo que para ellas les era más fácil que todos los bebés tomaran biberón, saber cuanto tomaban y cuantos, y eso que una le diera la teta, les ponía en terreno desconocido. Por favor! una inmigrante llevando la contraria al sistema! (el tema racismo o xenofobia podría bien merecerse otra entrada. Hasta que no colé en una conversación mis estudios y los idiomas que hablo, me trataron de ignorante y me miraban por encima del hombro. Muy triste que tengas que recurrir a tu CV para que te traten como a una persona normal)

En cuanto el niño estuvo un poco más activo, pedí a mi marido que me acercara la súper hamaquita. Se trata de la babybjörn que hace 14 años que nos acompaña en la familia, por la que han pasado todos. Tenemos la acostumbre de mecerla un poco con el pie, para que se meza, y es automático como se relajan. Se pasó horas y horas dormitando allí. La primera vez que entraron las enfermeras noté miradas de des-aprobación, y evidentemente no pasó mucho rato hasta que vino una enfermera a asegurarse que el bebé en ese artilugio y esos meneos estaba bien. Hay que decir que en Francia hay una campaña muy arraigada sobre el síndrome del bebé sacudido, y estaban muy preocupados por si esos movimientos le podían ser dañinos o molestos. La evidencia les demostró que no. Les gustó tanto como el peque estaba a gusto en su hamaca, que ya nunca más le volvieron a revisar en la cuna, si no que se agachaban en el suelo y todo se lo hacían allí... curioso...

Y en medio de todo este follón. Number six dejó de sonreír a los ángeles, como dicen aquí, y empezó a dedicar sonrisas totalmente controladas a toda persona que entrara en la habitación. Enamoró a todo aquel que vino a hacerle alguna perrería, y las enfermeras descubrieron también que tan sólo era un bebé de 5 semanas, pero que con el peso a teta, les había dado la impresión que tenía tres meses. También este echo provocó un cambio de actitud al cambio de actitud. Y todo empezó a ir mucho mejor.

Y así fue como en una semana pudimos volver a casa, cambiando el antibiótico en vena por uno oral. También este paso fue una guerra. Desde el primer momento que le colocaron la vía avisé del riesgo de flebitis. El primer y segundo brazo duraron 48h cada uno. Y los tobillos, 48h más.... cuando nos quedamos sin extremidades insinué si se podía pasar al antibiótico oral y aceptaron. De ese momento al alta fue un pis pas. Y así fue como volvimos antes de 10 días a nuestra vida allí donde la habíamos dejado.

Durante esos días viví en piloto automático. Mi familia y amigos más íntimos fueron mi único contacto con la vida que seguía fuera de las 4 paredes del hospital. Esos días los recuerdo como una cinta sin fin, de la que paso del box de urgencias a la sala de enfermeras para despedirnos antes de volver a casa. Pensé que volvíamos a casa de brazos vacíos y me di cuenta como se puede perder en un segundo lo que más quieres. Ahora number six gatea por toda la sala y me hace ir delante y detrás de él, evitando accidentes, y hace 9 meses llegué a pensar que no veríamos esta etapa.

Todos me decían que mi sexto sentido le salvó la vida... y cuanto más me decían esto, más miedo tengo. Porque sentí que algo no iba bien porque tenía menos de 3 meses, pero esto mismo puede pasar a cualquier edad y ni lo ves venir. Si esto le pasa a mi hija de seis años, seguramente le doy paracetamol y nos vamos a dormir. La sepsis empeora en cuestión de horas. Si hubiéramos esperado al día siguiente quizás su pequeño cuerpo hubiera colapsado. Y da mucho miedo.

Mucho miedo.

Al final, todo quedó en una experiencia más, por suerte, en la que sólo me tengo que lamentar del susto inicial y de pasar una semana sin café y sentada en una butaca, haciendo “nyapo nyapo” a la hamaca con el pie y viendo capítulos, uno tras otro, por internet en el móvil.

Igual que yo recordé ese artículo y me puse en guardia con los síntomas, escribo este post con la esperanza de que te imprimas esto en el cerebro. Quizás en otra ocasión tu también recuerdes este escrito y te pongas en guardia. Si llega ese día, sólo te pido que escribas también tu testimonio, avisando a tu entorno de lo que significa la sepsis, esa silenciosa e injusta enfermedad que se puede llevar a un bebé en un suspiro.



dimarts, 30 de gener del 2018

La mujer consorte, segunda parte

Lo he hablado mil veces, del derecho y del revés, con diferentes interlocutoras. Como conclusión, puedo decir que, por mi experiencia, las mujeres que han dejado atrás su vida para formar una nueva en otro país, o bien por amor o bien por trabajo de su pareja, tienen muchas cosas que decir.

Esas cosas suelen ser positivas, si se a logrado mantener unas expectativas laborales o personales realistas y activas. Muy negativas si no ha sido así, o bien te has venido con tu mochila llena de dudas.
(foto libre: https://pixabay.com/es/t%C3%BAnel-silueta-misterioso-fantas%C3%ADa-899053/)

Por lo general (y siempre sobre mi dominio de conocimiento), la pareja que trabaja suele vivir en un plano bastante diferente respecto al de la pareja que le ha seguido, que se queda en casa o trabaja, pero sobretodo de la que se queda en casa.

En un primer momento, el primer año, todo es nuevo, y aunque has de habituarte a tu nueva realidad, tu nueva rutina, te parece hasta incluso “exótico”. El segundo año suele ser el de enfrentamiento con la realidad: Esto es todo?! Si.... lo suele ser. Ya no hay novedad, ya no hay “el año pasado por estas fechas estaba preparando la mudanza” o “estaba despidiéndome de mis amigos”... Es el segundo año en el que te sueles dar cuenta de que puede ser que haya cosas que no te gusten tanto... Si estás expatriado, el segundo año “de la realidad” suele mezclarse con “el último año” y “vuelta a casa”... con lo que el desconcierto suele durar poco...

Pero...que pasa si no tienes fecha de regreso? Y llevas ya 5, 10, 15 años? Sin trabajar, sin tu entorno familiar, sin tus amigos? Levantarte, ir al colegio, volver del colegio, comer, ir al colegio, volver del colegio, hacer deberes.... un día, y otro, de lunes a viernes, sábado-domingo y vuelta a empezar. Un hámster puede ser que tenga más emociones que tú. Y entonces empieza la frustración

Empiezas a echar de menos tener tus proyectos, tus objetivos, charlas con adultos que no sean de tu familia ni por skype. Echas de menos preocupaciones que nada tengan que ver con la vida familiar, tus amistades a las que podías llamar para hacer una escapada al cine o una cena improvisada. Porque, aunque si que es cierto que la vida social la puedes reproducir allí donde estés, a veces no cuentas con un círculo social que no sea el que te has encontrado o bien en la escuela, o bien a partir de los compañeros de trabajo de tu marido o bien a través de las redes sociales de tu lugar de destino. Y aunque haya complicidades, algunas más que con otras, en el fondo todos somos, quizás, o expatriados también, con lo cual se vive entorno a la familia nuclear, porque lo es todo, o medio expatriados! Con lo cual cuentan con unos compromisos familiares del 50% autóctono. Y si son amistades 100% del país de acogida, sus vidas suelen estar ya muy cerradas entorno a familiares y amigos, y tu no sueles caber en ellas, a no ser que pidas la vez con un mes de antelación. Así que, es muy raro poder levantar el teléfono (si es que ahora se pudieran levantar) y decir a alguien, eh! Salgamos hoy, que estoy que me tiro de los pelos entre estas cuatro paredes....

Y allí están estas personas que te dicen, vamos! Y sales, y te diviertes un rato, cenando o yendo al cine, y te olvidas por unos instantes que te sientes en una caja de zapatos. Y te cuestionas, en que momento tu vida empezó a reducirse hasta lo que tienes hoy.... y si eso puede cambiar en algún momento futuro.

Hay mujeres que lanzan un ultimátum a la pareja: o nos volvemos, o me vuelvo. Las hay que directamente se montan la vida con un pié en el destino y otro en el país de origen, volando cada vez que se tiene oportunidad. Otras intentamos recordar una y otra vez porqué nos venimos aquí, e intentamos que “esto funcione”, porque no hay otra. Y este “no hay otra”, para algunas pasa por replantearse porque se casó con quien se casó, o tener que dejar a los niños para volver, o bien volverse sola con los niños y no saber ni como empezar por retomar la vida que dejó atrás, hace ya tantos años, que quizás sea imposible.

No. Para mi no es una opción volver. Esto tiene que funcionar sí o sí. Y en eso estoy pensando, en como tirar del hilo y desenredar la madeja, para saber hasta donde puedo tejerme. Y todas las opciones son válidas, tanto las que pasan por huir, como las que pasan por quedarse y reinventarse! Lo que no es bueno es quedarse en el “me he equivocado, y ahora ya es tarde”. No! No lo es!

Sólo se vive una vez.

Si estás pensando en marchar de expatriación, y quieres saber que te diría desde mi humilde experiencia, esto sería:

  1. No te marches sin preguntarte si estás realmente convencida de que esto también es un proyecto tuyo. Si no lo es, tarde o temprano no te verás capaz de afrontar los obstáculos que puedan aparecer, y podría ser que culpes a tu pareja por ello.
  2. Si para tí es importante, hablad de la fecha de inicio y de la fecha final. Tener un horizonte ayuda a ver la luz al final del túnel y relativizar dificultades.
  3. Ten siempre un proyecto personal, al que no renuncies. Ya sea seguir trabajando, aprender el idioma local, estudiar, etc. Si puedes, búscate un trabajo o compromiso a realizar. Ten objetivo propio.
  4. No te reduzcas a un sólo “tu”. Somos mujeres, madres, hijas, hermanas, profesionales, amigas, amantes, estudiantes... No encasillarte sólo en una “yo”, por ejemplo, el de madre o el de “pareja” durante demasiado tiempo, porque te devora, te absorbe y se come los otros “tus”.
  5. Cuando estés bien, hazlo saber. Pero más importante es hacer saber cuando estás mal. No renuncies a decir lo que te angustia de la expatriación, sólo porque tienes miedo a que tu entorno te castigue con “te lo has buscado tú”. No hace falta llegar a estar irremediablemente mal, para entonces dar un golpe sobre la mesa. Lo mejor es reconocer los pequeños síntomas de aviso y poder actuar a nieles bajos de cambio, que no pasar directamente al: “me cojo las maletas y me vuelvo con los niños”.
  6. Es muy importante que tengas un círculo social diferente al de tu marido (que suele ser de trabajo”, o el que viene impuesto por los actos sociales de tus hijos. Intenta tener tu propio espacio, en el que puedas evadirte y encontrar un nuevo “tu”.
  7. No te dejes. No te olvides. No te relegues al último lugar.
  8. Si todo esto no funciona. Pide ayuda. Estar triste y resignada no es normal.


Sabes cuando te puedes dar cuenta de que algo falla? Cuando en un formulario te pregunten: profesión.... y no sepas que poner. En ese momento, sabrás que algo falla. Sea lo que sea que pongas, has de saber responder a esa pregunta: qué eres tu?  

divendres, 26 de gener del 2018

burn-out materno?


Yo era aquella niña que vivía despacio, con un mundo muy pequeño, que iba del cole a casa, y los fines de semana los pasaba en el apartamento de la playa, lejos de la ciudad, donde no había nadie en invierno y sólo se vivía en verano, con horarios estrictos, aprobara o suspendiera para setiembre. Ya vivirás de adulta! Me decían... no quieras consumir etapas! Todo llega

Yo era aquella adolescente que vivía entre libros de lunes a viernes, y los fines de semana también. De setiembre a junio, algunas veces, en la universidad, también julio y agosto. No te agobies, me decían... cuando termines tendrás un trabajo y dinero y podrás vivir la vida.

Yo era aquella graduada universitaria que trabajaba en consultoría, de lunes a viernes, a veces sábados y domingos. Entre semana, en Madrid, y los fines de semana, intentando recuperar el tiempo perdido con amigos a los que recuperé después de tantos años de renuncias por estudiar en la universidad. No te preocupes, me decían, ya llegará la estabilidad económica y profesional, y podrás relajarte y disfrutar de tu tiempo libre.

Yo era aquella madre de tres hijos que sacrificó su carrera en el mundo de la consultoría para descubrir el mundo de la informática de sistemas en el sector bancario. Tenía jornada intensiva 3 días a la semana y podía estar en la puerta del cole para pasar la tarde con mis niños. Renuncié a poner los pies en la ciudad para trabajar, a cambio de una buena conciliación familiar y laboral Fueron tiempos muy buenos, de trabajo en equipo y de aprender mucho, a pesar de esas guardias semanales que me hicieron odiar de por vida el timbre de una blackberry. No tenía más que preocuparme por mi trabajo, en las horas de trabajo, y mi familia, el resto del tiempo.

De todo eso hace mucho tiempo.... De mi trabajo,, ahora hace 7 años. Muchos “no te preocupes” no se llegaron a materializar. Viví siempre preocupada por el sacrificio, esperando la recompensa.

7 años en los que he tenido que aprender a vivir como "facilitadora de". Mi trabajo es muy importante, claro, porque estoy levantando 6 proyectos de vida, que van des de la experimentada etapa de la primera infancia (ahí tengo máster y pos-grado ya, con seis....) a la adolescencia (aquí me matriculo cada año de un nuevo curso, con nuevos profesores y retos.... telita los 14 que se vienen....)

7 años en los que he tenido que aprender que pinta tiene un día normal, no a través de las ventanas de la oficina, si no mientras te da el viento en la cara, mientras todos trabajan y yo estoy en la calle, o comprando, o en casa con el día a día. Sin comidas de empresa, sin jornadas intensivas, ni fines de semana ni vacaciones, ni reuniones de trabajo, ni cafés en la máquina.

7 años en los que he aprendido a reírme de mi misma, por no ser ya aquella que era, que se pintaba para ir a trabajar, que tomaba un café con leche rápido de pie en la cocina porque tenía que llegar (cada día tarde) al cole para dejar a los niños en la acogida matinal e intentar llegar lo más pronto posible a la oficina, a una reunión o a una puesta en producción de algún proyecto....

7 años en los que mi yo y mi vida está en suspensión, en una eterna rueda de hámster, en la que al final de la rueda está vivir un día diferente. Un día en el que pueda pensar en algo que no sea para otra persona o la casa, un proyecto ajeno a la vida familiar, algo mío y sólo mío....

Estoy en una etapa que ya conozco. Transité por ella el primer año de expatriación.... justo cuando empecé mi excedencia y dejé de tener mi sueldo. Mi propia solvencia económica. Ahora, 7 años después, vuelvo a transitar por este mundo de sombras, por otras causas: necesito ser yo.

Necesito recuperarme.

He dicho en voz alta la palabra: depresión, burn-out. Pero parece ser que, por el mero echo de reconocerse en este universo, la gente no te da el valor. Supongo que piensan que si eres capaz de identificarte de esta manera es que "no estás tan mal".... Supongo que esperan que un día no quiera levantarme de la cama.... o me olvide de vestirme y salga a la calle, bajo la lluvia, como una poseída, gritando algo indescifrable y con los pelos enredados.

"Los síntomas
(https://www.serpadres.es/familia/derechos/articulo/sindrome-de-burnout-mamas-agotadas-y-estresadas-por-exigirse-demasiado-831467196092)
  • Agotamiento físico. Por el bebé, por sus horarios que no son nada compatibles con lo que estamos acostumbrados, etc.
  • Ganas de llorar, tristeza y sentimientos, en general, negativos.
  • Aislamiento social.
  • Pérdida de apetito y, por tanto, de peso.
  • Dificultad para dormir.
  • Pérdida de intereses y de motivaciones.
  • Estado de nerviosismo constante, así como dificultad para concentrarse.
  • Dolores: de cabeza, de estómago, etc.
  • Sentimiento de fracaso, de agotamiento e impotencia y, además, dificultad para pensar con claridad."

Bien.... el primer paso es reconocerlo. Ya lo he hecho... El segundo es poner remedio... y aquí viene lo más desesperante...

"Cómo evitarlo (https://www.serpadres.es/familia/derechos/articulo/sindrome-de-burnout-mamas-agotadas-y-estresadas-por-exigirse-demasiado-831467196092)
  • Ante cualquier síntoma que notemos, veamos que la situación se nos va de las manos o estemos cambiando nuestra forma de ser, es importante acudir a nuestro médico o especialista para que nos ayude y nos dé el tratamiento que crea conveniente.
  • Es importante saber qué es lo que necesitamos en cada momento. Si nuestro cuerpo pide un descanso, hay que dárselo.
  • No estamos solos en la tarea de ser padres. Tenemos gente que nos ayuda: nuestra pareja, padres, amigos e incluso en algún momento podemos dejar a nuestros peques con un canguro para poder tomar el aire solos.
  • Si nos sentimos muy estresados podemos optar por hacer actividades relajantes: yoga, mindfulness, practicar pilates, etc. Todas estas actividades están, de hecho, recomendadas para niños.
  • No te olvides de seguir unos hábitos saludables: una dieta correcta, hacer ejercicio, descansar…Todo ello nos ayudará a llevar una mejor vida, además de que estaremos relajados. ¡Importante! Hay alimentos que te ayudan a combatir el estrés y otros, por el contrario, te dejan más cansado."
Médico? Especialista? Tratamiento? Me van a recetar tiempo y espacio? Eso se compra en farmacia?
Sé lo que necesito! El problema es que no puedo dármelo!
Si... estoy sola la mayor parte del día, de la semana, del fin de semana... Somos la familia de la custodia compartida por necesidad. Y lo de las actividades relajantes.. mejor no hablamos... Ah! Mira! Lo de la dieta lo han clavado! Nada más lejos que dieta saludable, ejercicio... Cómo era eso? El cacao es una planta y cuenta como ensalada? Intentar vestir a tigre cuenta como ejercicio?

Vivo atrapada y no hay ninguna variable que he podido identificar como posible punto de partida para cambiar las cosas. Necesito dejar de ser sólo madre para ser mujer, amiga, compañera, profesional, confidente, hermana, hija, vecina, estudiante,.... lo que sea o todo a la vez...

No hay escapatoria.
Al menos en los próximos tres años.

Y se que en parte es debido a que super-re-peque ha resultado ser un bebé-tigre al amamantarlo, un bebe-pulpo al vestirlo y un bebé-gato al bañarlo....pocas horas de descanso, sueño o tranquilidad, y menos ahora que gatea y se pone de pie... no hay descanso para el guerrero....

Y me muero al llevar tanto tiempo con la vida puesta en pausa. Y supongo que la escasez o ausencia total de proyectos vitales también me queman por dentro. Quiero llorar. Quiero dormir. Quiero gritar. Me quiero ir y dejar de ser yo.

Ni soy el yo que fui, ni lo volveré a ser a corto plazo, o jamás! Y eso me irrita. Porque, cuándo voy a vivir? Cuándo tendré mis espacios y mis dimensiones?

No me malinterpretéis... Creo que mi labor es indispensable y que es lo mejor que he podido hacer por mis hijos... El problema reside en el echo de que no tengo válvula de despresurización.

Demasiado tiempo sostenido en este nivel de vigilancia continuada, de ignorar mis necesidades, de decirme que "yo estoy bien si ellos están bien".... Imagino que siento algo parecido a lo que siente un soldado en el campo de batalla, cuando llevas demasiado tiempo en alerta....

Pues bien.... también es cierto que "ellos están bien si yo lo estoy". Creo que llega el momento que por mi salud y mi estabilidad, en ciertas cosas me tengo que poner delante.

De momento, escribo esta entrada en mi hora diaria de dedicación personal. Creo que tener una hora diaria en la que me doy permiso a mi misma para hacer alguna actividad que no sea para nadie más que para mi misma, lo más sola que pueda, es vitalmente necesario. Lo ideal sería poder estar sola durante esa hora... y de momento, en los pocos días que lo llevo poniendo en práctica, ninguno ha sido así... ya que las niñas me han seguido a todas partes... Ahora mismo, sin ir más lejos, aquí encerrada en mi despacho, tengo a mis tres princesas caramelo durmiendo en el suelo, con sus cojines y sus mantas y sus colchones. Les encanta. Es un imán. Entro aquí y antes de que cierre la puerta ya llega super-peque llamándome a gritos.. y tras ella, re-peque y peque (ya no tan peque) peleándose por un trocito de suelo a mi lado. 10 minutos y ya duermen... pero no estoy sola.

También me "he pedido" comer con el padre de las criaturas al menos un día a la semana. Un momento en el que, aunque tigre nos acompañará siempre, "al menos" estaremos "solos" los dos y podremos tener conversaciones sin interrupciones o tener que dar instrucciones a alguien sobre lavarse los dientes, compartir cosas....

Y finalmente, me he pedido disponer de una mañana o una tarde a la semana, aunque de vez en cuando al mes también me vale, para poder salir, cambiar de aires, tener conversaciones de adultos, ir al cine de adultos o hacer algo que hacen los adultos como algún taller o curso de adultos. Donde, muy importante, es que el concepto "adulto" quede realmente contrastado.. No entrarían en esta modalidad el concepto "llevar al cine a las niñas" o "tarde de chicos o chicas"... No. Adulto significa mayor de 30 como mínimo y lleva implícito el concepto "a solas". De momento, sin planes ni vistas a poder llevar a cabo esta parte del "plan".

Me voy a volver loca, sabiendo que me estoy volviendo loca, y sin poder hacer nada por no acabar loca. Una locura desesperante, que te devora de dentro a fuera, que te hace ver sólo lo que no puedes hacer, encontrarte con callejones sin salida, sola. Necesito muchas cosas que no puedo tener ahora mismo.

Lo pido, lo saben, pero nada cambia.

(foto libre: https://pxhere.com/es/photo/848356)

dimarts, 12 de desembre del 2017

Madame n'est pas contente

Vaya por delante.... este es un post de “terapia” de los míos.... de aquellos en que suelto lo que me quema por dentro y luego cierro el portátil y me voy más ligera...

Pero... qué le pasa a la gente aquí? Hemos perdido la empatía? 5 minutos valen hacer sentir mal a las personas?

En febrero, por H o por B, tuve que ir al dermatólogo.... digo “tuve” porque como estando embarazada, cualquier cosa que me ocurra a mi le pasa a mi hijo, y entra en la categoría de “salud de tercera persona”... Yo soy reacia a ir a médicos. Tengo que estar realmente mal para ello, o tener miedo a estar peor... No tengo tiempo. Ni tiempo absoluto ni tiempo de calidad. Simplemente, no me gusta ir al médico y menos cuando no puedo ir sola o me tienen que acompañar.... Pero esta vez, repito, fui porque, en el fondo, tenía que ser responsable de asegurar mi salud para otra persona.

(foto tomada de http://crecejoven.com/autoayuda--el-enfado)

Bueno, pues el médico de cabecera, muy agradable él (a mi me recuerda a David el gnomo, por su cara de bonachón, no por su talla! Que es siete veces la mía) me recomendó varios especialistas, y yo me decanté por el que estaba más cerca de casa, y una mujer.... Al pedir hora ya me dio la impresión de ser de esas consultas tan solicitadas por las que tienes que esperar meses para la visita, pero en mi caso, pensé, tres semanas o cuatro no eran para tanto...y así me hago a la idea de que hay que ir.

Esa primera visita a la cual llegué unos minutos tarde porque no encontrábamos la dirección, noté que no había feeling, cuando al pedirle la primera vez que no hablara tan rápido porque no la entendía, me soltó sin anestesia que si no hablaba francés, porqué no venía con intérprete.... Le faltó decirme que le hacía perder el tiempo... Después de soltarme tal despropósito, creéis que bajó la velocidad? no... por supuesto... eso que me dijo sirvió para que no le volviera a molestar en sus explicaciones sobre una intervención, que me programó en menos de 10 minutos de visita. Chim pum.

La segunda visita, la de la intervención, pasó sin pena ni gloria, y no recuerdo si fue esa o la siguiente, la que me programaron para control, la que llegué unos minutos tarde o la que me tuve que esperar media hora porque iba con retraso. Sólo se, que en la tercera, me atendió tarde y sólo unos minutos, porque se negó a visitarme poniendo por excusa que la visita de control era para dos sesiones y yo sólo tenía una (cuando a mi me dio la visita su secretaria, y entiendo que es su secretaria la que debería haberlo hecho... en fin) así que de febrero pasamos a junio, luego a octubre y finalmente, me trasladan a diciembre, esta vez con doble cita y pidiéndome que venga sin niño, así que eso implicaba que mi marido tenía que acompañarme y quedarse con él, para que yo pudiera “cumplir especificaciones”. Pedí, para esta última vez, que fuera la primera visita, puesto que de esta manera, mi marido podría faltar menos tiempo al trabajo.... en fin....

Llega hoy, día de la visita. Y amanece nevando, como ya viene haciendo los últimos tres días... Caos circulatorio asegurado, hielo en las aceras, coches a 10 por hora, camiones atravesados en las calles. Ingredientes perfectos para la puntualidad, como todos sabéis...

El plan era salir toda la familia a la vez, para hacer el reparto en “formato extendido”, y luego ir directamente a la consulta, sin pasar por la casilla de salida. Habitualmente, mi marido lleva el coche de los “collegiens” y yo llevo a las niñas a escuela... Hay 15 minutos de diferencia entre la entrada de unos y la de las otras, así que, normalmente, nos repartios en dos fases, y así salimos bien de tiempo los dos equipos... Hoy no. Hoy hemos salido con el tiempo justo, super-repeque en pijama dentro del buzo directamente. Yo sin desayunar, con un termo de café en el bolso. Hemos dejado a los niños 5 minutos pasados de hora... nosotros y los 100 padres que llevábamos detrás. Al colegio, he tenido que bajar en marcha con las niñas, a 5 minutos de cerrar las puertas, justo el día que re-peque tenía excursión y nos habían pedido puntualidad... han salido corriendo por la calle, no las he visto entrar en el cole, y me he tenido que ir con esa angustia de madre de “habrán entrado en el cole?” …. lo de si ha podido ir de excursión es una incógnita. 
Super-peque ha entrado en clase sin un zapato, llevándola en brazos, a riesgo de pegar el resbalón olímpico, y casi que le quito los abrigos y jersey, le pongo su bata, y le vuelvo a colocar el abrigo.. de lo estresada que iba! Suerte que mi niña me ha puesto cara de “que estás haciendo que no toca el abrigo en clase”....

Después de correr de aquí para allí, desde las 06:30 am.... me siento en el coche y reflexiono en como hemos llegado los adultos a este nivel de tal despropósito... Cómo puede ser que para llevar a los niños al cole tengamos que acabar con la lengua fuera, y la sensación de no haberlo hecho nada bien...

Ilusa de mi... que pensaba que la mañana ya sólo podía ir a mejor.... Del colegio a la consulta nos ha costado casi 30 minutos. Me he vuelto a bajar en marcha en un semáforo para poder arañar unos minutos al retraso, y al tener a vista la puerta del consultorio, he visto como la doctora entraba en él... así que me he relajado un poco, puesto que si ella también había sufrido el caos circulatorio de la nieve, pensé, no puede decirme como es que yo llego tarde.... otra vez......

Ilusa.

Ella sube a pie, yo por ascensor. Me planto en la consulta que veo como su puerta se cierra, la secretaria está al teléfono, supongo que con mi marido, puesto que cuando me ve llegar cuelga inmediatamente.

  • Ah! Está aquí!
  • Si, si! Ya llegué!
  • Llega tarde 15 minutos (mentira, no eran ni 8)
  • Si (sonriendo) lo se.... ha sido difícil
  • Es la tercera vez que llega tarde
  • Perdone???
  • La doctora tenía una intervención, ahora no la podrá atender
  • Ein??!! Me está castigando?
  • No... no es un castigo. Es la tercera vez que llega tarde, siéntese ahí
  • Usted sabe que ahora mismo, porque no domino el francés, en castellano le estaría diciendo muchísimas cosas que hay en mi cabeza?
  • Siéntese y veremos si la atiende.
  • Dígame si me va a atender o no, porque mi bebe está en el coche y no voy a perder ni un segundo aquí pudiendo estar con él.
  • No sabemos si la vamos a atender o no. No es la primera vez que llega tarde
  • No me va a atender? Si no me atiende, es la última vez que vengo. Ya me anuló la última visita y ahora esto? Encima de que la doctora no es precisamente que derroche feeling conmigo precisamente
    (sale la doctora)
  • Madame n'est pas contente.
  • Claro que no lo estoy!
  • Es que es la tercera vez que llega tarde!
  • (yo, ya cogiendo y marchando de la consulta) He entrado detrás de usted. No es justo, un día que ha nevado y usted ha llegado también tarde
Pero ya no me escuchan. Ahora son dos contra un retraso mínimo, que como han pasado al siguiente delante, no les afecta en lo más absoluto.

Me voy para el ascensor, pero no sin antes decirle que, para más inri, han hecho llegar tarde a mi marido, que ha dejado de ir al trabajo a su hora para poder acompañarme y quedarse con el niño.

Bajando, por mi cabeza pasa la rabia y la furia. Les hubiera dicho mil cosas más. He llegado tarde, si... he llegado tarde... y no era la primera vez... Pero los retrasos que he tenido no llegan ni sumados al tiempo que ella me hizo esperar, y yo no le dije nunca ni mu al respecto.

Quizás debería haberlo hecho....

No lo se

Pero no... ahí tampoco termina mi mañana de kk

Llego al coche, con cara y palabras ya visibles a 200 metros de que algo no ha ido bien... y al explicar toda la experiencia, mi marido se muestra enfadado porque su retraso mañanil no ha servido para nada...

  • Podías haberte quedado, ya que estabas aquí, y no han sido 15 minutos
  • Cómo me voy a quedar en una consulta donde me han tratado así de injustamente? Que no lo hacen gratis! Eh? Que encima de hacerme sentir mal, y vete tu a saber como me lo van a hacer, les tendría que pagar como si hubiera sido la visita más excelente de su historia...!!
    (no no... pensaba.... aún me queda dignidad)
  • Quieres que suba?
  • ..... (en serio crees que necesito que tu vayas ahí arriba a ... a qué? a obligar a que me atiendan para no sentir que no ha servido para nada??) 

Y viendo que él se sentía enfadado conmigo, disgustado con las otras, pero conmigo estaba enfadado, he decidido que no... No me gustan los médicos.... pero es que no voy a ir más en estas condiciones...

Me merezco ir al médico sola, sin sentir que pido permiso o favores a nadie
Me merezco no llegar tarde, llegar con una mano delante y la otra detrás, sin niños, sin estrés.
Me merezco pedir una hora que no sea ni de jubilados (primera hora) ni infantil (después del horario del cole)
Me merezco no tener que pedir perdón o dar explicaciones de porque llego tarde, más allá de “no encontraba parcking”.

Y aquí estoy... dedicando mi tiempo a algo que ha pasado en menos de 5 minutos hace más de 6 horas... como para haberlo superado... pero no... me ha afectado, me ha removido, me ha alterado.


Ahora.... más calmada.... se.... que.....
                                                            necesito referencias de otro especialista....

Estoy dispuesta a ir a uno infantil, si así me va a tratar mejor... y me va a dar una piruleta o un abrazo al final de la visita, por no haber llorado y haberme portado bien...

dimecres, 29 de novembre del 2017

Ils sont sage....

Llevo semanas sin dormir.

A los dientes del super-requete-peque hay que sumarle un resfriado y su personalidad activa.

Es un niño de dormir poco. De dormir en el coche, en movimiento, o porteado.

No es un niño de los que te acuestas con él y en cero coma está durmiendo.... como sus hermanas...

Él es más parecido a su hermano mayor. Que nació en modo “diviérteme” y se aburría si lo paseabas en cochecito mirando al techo y pensaba que el tiempo que se pasa con los ojos cerrados es tiempo perdido...

Así que estoy echa polvo. No duermo, no descanso, ni física ni mentalmente. Hace semanas que sueño con meterme en la cama y despertarme al día siguiente descansada... pero eso no sucede

Me acuesto, oyendo lloros, me levanto oyendo lloros
Me despierto a grito de mamaaaaaaaaaaaaaaaaa, y así todo el día

ma maaaaaaaaaaaaaaa
mamaaaa
maaamamamamamamamamamaa
maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaama

y la versión 6 meses

buaaaaaaaaaaaaaaa bua bua buaaaaaaaaaaa

Que viene a ser lo mismo

Estoy a límite de burn out. Serio.... Entiendo bien lo que es no tener descanso. Estar en alerta constantemente. No puedes bajar la guardia: cuando uno no tiene una mala idea jugando a que las puertas de los armarios bajos de la cocina son una tienda, el otro le da por intentar configurar el micro en el ordenador, o hacerse agua con super gas con la sodastream... No hay un segundo que no deba mirar que sucede sobre el tapis d'eveil, o porque las peques están jugando a canicas al lado de super-requete-peque... y claro, esa tensión continua te pasa factura, tarde o temprano, llega la migraña, llega la desesperación por esos pantalones que todavía no puedes ponerte y te hacen pensar lo harta que estás de usar los leggins pre-mama para estar cómoda, a la vez que piensas en lo mal que te alimentas, porque comes de pie, mientras sostienes al baby y haces la comida al resto.... tengo el brazo derecho hiper-desarrollado, que da miedo cuando lo pongo al lado del izquierdo....

Mi mente está exhausta
Mi cuerpo es un soporte de bebé y una herramienta que posibilita la seguridad y la supervivencia del resto.

Hay que hacer los deberes. Re-peque está aprendiendo a leer. Mientras, super peque, que ha empezado a ir al cole y ha dejado el pañal al mismo tiempo. Duerme mal y sólo quiere estar conmigo, porque nos echamos de menos. Necesita más atención, lo reclama, a veces me dice que es un bebé sólo para que la lleve en brazos y sentirse segura, como cuando estaba en casa... Yo lo sé, lo noto, así que con un brazo llevo a super-requete-peque, en el otro a super-peque y hacemos deberes con re-peque.... Al resto, los dirijo o con la mirada o con instrucciones programativas:
  • haz deberes
  • toca baño
  • Si
  • No
  • Deja en paz a tu hermano
  • Ahora ordenador no...

y así.. ad infinitum... de momento, sin ver la luz del final del túnel...

Lo sé... son dos años así. Pronto andará super-requete-peque y algunas cosas irán a mejor y otras a peor... con escaleras!! no quiero ni pensarlo... todavía tengo unos mesecillos …. paciencia

Y en casa hay poco silencio. Poco orden. La limpieza cae en saco roto. Sólo existe la salvación del “mantenimiento”, que la logística diaria no decaiga: lavadoras, ropa sucia, mochilas en su sitio... y todo va bien... si no.... c'est la follie....

Caos

Y entonces me desespero.....

Pero en todo este enorme esfuerzo, este ser la última de todo, poniendo siempre a los niños por delante, su educación, no me refiero a la escolar, si no a la de ser persona, tiene sus recompensas.

Estamos educando PERSONAS.

En su independencia. Que aprendan a resolver problemas. Yo estoy “para ayudar” pero siempre y cuando ellos lo hayan intentado primero

En su capacidad de elección. Yo puedo prepararles la ropa, pero lo importante es que ellos sepan hacerlo, ya no sólo en criterios de gusto! Si no teniendo en cuenta el tiempo que hará, las actividades que van a hacer... hay natación? Mañana hay deporte? Estos zapatos si, me preparo la mochila... et.

En su auto-control. Todos tenemos derecho al drama, a expresar nuestra frustración, nuestra tristeza, nuestro enfado.... Un momento para sacarlo, un momento para controlarlo. No podemos pagar con los demás lo que es nuestro enfado

En su responsabilidad. Quien se olvida, lo rompe, lo saca de sitio, lo olvida.... es responsable. Si he suspendido varias pruebas, he de ser capaz de hablar de ello y aceptar las medidas que de ello se deriven.

En sus modales. Han de ser capaces de saber estar solos cuando nosotros no estamos para decir: baja los pies de la mesa, no corras en el bar, di gracias, por favor....

….

Es duro, verdad?

Si tienes hijos, sabes que puede ser más o menos fácil, pero que en todo caso, es una tarea de cada día, cada día, de ejemplos, de actos, de palabras.... cada día cada día... de la vida...

Y pienso que todavía me queda trabajo, porque cada año que pasa, el mayor se enfrenta a nuevas situaciones, y los medianos pasan por las situaciones de los mayores, y luego los pequeños, el mismo trabajo.... No vale con sólo hacerlo con el que va delante... si no con cada uno de ellos, y con todos a la vez....

Y estás exhausta. Llevas los pelos que no sabes como, porque te han pedido “déjame que te haga una trenza de raíz”, y me han dejado que ni la barbie después de arrancarle todos los pelos... y llevas la cara llena de babas de super—requete-peque, y los pantalones manchados de leche....

Te dicen....
Ils sont vraiment très sage.

Y añaden....
Je ne suis pas toute seule qui pense ça. Toutes nous pensons le même.

...

Y no sabes si llorar, diciendo gracias por esas palabras. Porque después de la desesperación interna, oïr que alguien te reconoce que lo estás haciendo bien... es... tocar las nubes.

Porque son niños, y tienen sus momentos, pero en diversas ocasiones me dicen esto: ils sont sage... en el médico, en el supermercado, en la escuela...

Son 6. Pero son sage....

Una palmadita en el hombro que me hace que mis ojos se acristalinen y esté a un tris de ponerme a llorar.... Los abrazaría...

Gracias.... Gracias por reconocer el “trabajo” de criar niños felices...


Ils sont sage... oui... mais je suis très heureuse....Très fière d'eux

dimecres, 13 de setembre del 2017

Pasar de loisir a deporte, sin perder la dignidad en el intento...

Cuando pasas a formar parte del mundo escolar, cuando te estrenas en P3, te has de adaptar a muchas cosas, y sobretodo,, has de buscar como la escuela puede proporcionarte una mejor adaptación a la nueva realidad, la de tener un hijo escolarizado.

Los horarios de las escuelas (públicas) suelen ser mas o menos de las 09:00 hasta las 16:00, con parón a mediodía para los privilegiados que pueden ir a comer a casa de la abuela o con los padres. Privilegiados dicho desde el sentido sano de la palabra: que tus padres tengan unos horarios que hagan compatible su trabajo con comer juntos en familia, o tener unos abuelos que pueden cuidar de tu hijo a mediodía es un lujo que ahora solo unos pocos tienen. El resto, tiramos de comedor, porque los trabajos no lo permiten o porque las distancias entre el centro y nuestra casa lo hacen complicado.

No quiero hablar del comedor, si no de las actividades extraescolares. Porque, normalmente, tener un trabajo que te permite ir a buscar a tu hijo puntualmente a las 16:00 es muy difícil. O bien van los abuelos (otra vez, benditos abuelos), o va la canguro, o mamá se pide una excedencia (si, mamá, lamentablemente, solemos ser las mujeres las que “conciliamos” reduciéndonos el sueldo y la jornada, en este orden y no siempre en las mismas proporciones). Así pues, de las primeras cosas por las que nos hemos de movilizar son las extraescolares. Esas actividades que nos van a permitir “conciliar” nuestro horario “real” con la salida del retoño, un aparca-niños, que si la actividad escogida es de las que al niño le gusta parece que nos deja más tranquilos.... Quizás estas palabras suenen demasiado fuertes, quizás no representen al 100% de todas las madres que dejan a los niños en extraescolares... pero seamos sinceras con nostras mismas... con 3 años no necesitan hacer teatro, o inglés... necesitan estar en casa descansando, merendando y jugando, o en el parque!

Lo que yo quiero decir no es eso tampoco.. cada familia sabe sus necesidades reales y sus porqués a la hora de decidir hacer o no una actividad extraescolar, porque cada familia es un mundo, cada niño tiene sus preferencias y cada padre sabe lo que le conviene a su hijo.

Yo hoy quiero hablar de cuando una actividad extraescolar se te va de las manos.
Cuando un deporte pasa de ser un pasatiempos que le gusta al niño a un deporte, así en mayúsculas, con sus entrenos y sus competiciones....

Si, claro... todos sabemos que si nuestro nene hace fútbol o basquet o boley llegará el momento en que los sábados tendrá partido... o los domingos.... a veces cerca de casa, a veces lejos... a veces a las 12:00 y otras a las 08:00... haga frío, haga calor, esa actividad “extraescolar” se convierte en una actividad que implica a toda la familia y que se cuela en las planificaciones de fin de semana....

Pero.... estamos preparados para un deporte de competición? Ah! Amiga!! Cuándo te das cuenta de que ya no estás en una actividad extraescolar si no en “otra cosa”?

Yo hoy me he dado cuenta cuando:

  • Los horarios son caóticos. Nada de los lunes y los jueves, de 16:30 a 17:30... Hablamos de martes, miércoles, jueves, sábados, domingos... a las 06:30 de la mañana, a las 13:25, hasta las 15:15, o las 18:00 de un domingo...
  • Hay que ir con estricto uniforme de entrenamiento, y no me refiero a un chándal, si no a pantalones, camisetas y sudaderas del club, que valen un pastizal.
  • Ya no estamos hablando de 30€ al mes, si no quizás de mucho más! Porque no sólo hay que pagar al entrenador, si no los desplazamientos: autocares, hoteles, comidas...
  • Eres un equipo, así que no tienes voz ni voto. Si lo del uniforme no te va, o no puedes garantizar que esté preparado todos los días (lavado planchado, etc.) es problema tuyo! El niño no entrenará sin las prendas “adecuadas”
  • El rendimiento de los entrenamientos es lo principal. Se grita a los niños si llegan tarde o si están distraídos. Si los ejercicios que realizan no son de la calidad que espera el entrenador a veces son humillados en público. Si no van a un entreno se corre el riesgo de no ser convocados a la competición siguiente y ser reemplazados por el resto de la temporada
  • Se acabó aquello de “hay que pasarlo bien”. Los buenos, al A. Los mediocres, al B.
  • Los entrenamientos son extensos e intensos, a veces sin tiempo ni para un tentempié
  • A parte del deporte en cuestión, se dedica tiempo extra para la preparación física. No se trata ya de la técnica, si no de tu forma y resistencia.
  • Te pasas más horas dentro del coche esperando que salgan que en tu casa
  • Te pasas más horas en la cafetería del polideportivo que en tu casa (si, más que en la frase anterior)
  • Ves más a los otros padres de los otros niños durante los entrenamientos que a tu propio marido.
  • Organizas tu vida familiar en setiembre y ya con vistas a todo el año en función de las competiciones, y al igual que piensas donde te vas de vacaciones te descubres organizando fines de semana en pueblos que ni siquiera sabías que existían.
  • Si tienes más de un hijo en esta situación, como en nuestro caso, que son los 4 mayores, y en más de un deporte de competición (en nuestro caso, dos), son los clubes los que deciden sobre cuando vas a ver a tu familia reunida al completo alrededor de una mesa un día concreto... y en el mejor de los casos, te ves haciendo custodia compartida con tu marido, jugándote a los chinos quien se lleva a unos o a otros a tal o cual competición.
  • ...
  • ...
  • Si te estresas sólo al pensar en el reinicio de las actividades deportivas de los niños en lugar de aliviarte como cuando estaban en P3 y veías que “artes plásticas” no tenía adaptación...

En definitiva, que practicar un deporte a ya cierto nivel requiere de mucho tiempo, dedicación y pasta... mucha pasta.... Porque hay ciertos deportes que ni en decathlon. Y me refiero, por ejemplo, al patinaje sobre hielo! Unas mallas de niño rondan los 200€!! y los patines? Unos Jackson que te duran una temporada (a veces, media) rondan los 300€. Mercado de segunda mano? No existe.
Porque decathlon no contempla este deporte? Me pregunto.... con lo “fácil” que es que tus hijos hagan hípica y te ahorres un buen fajo comprando en san-decathlon-de-todos-los-santos....

En cuanto a los horarios y la conciliación familiar... Este año es una locura... Algunos días empezamos los entrenamientos a las 06:30 y los acabamos a las 15:30, ahora uno, después el otro, voy a buscarlos al cole y se cambian en el coche mientras corremos al tercer entreno del día... una locura... La planificación del club es inexistente si tienes más de un hijo en alguna categoría.


Esta es la primera semana... y ya quiero desertar....